El vídeo como herramienta formativa

Aún recuerdo la primera cámara de vídeo que tuve, una Sony que pesaba unos 5 Kg., con unas cintas que se me han borrado todas y con unas baterías que duraban ½ hora escasa. Con estas cámaras, los más intrépidos nos lanzamos al mundo a filmar las actividades cotidianas, los niños, las vacaciones y cualquier escena que se pusiese delante de nuestro objetivo.

Los resultados, en la mayoría de las ocasiones (era mi caso), eran realmente patéticos. Reportajes infumables que además obligábamos a ver a nuestros conocidos y familiares, que tras las primeras experiencias, huían despavoridos cada vez que les invitábamos a tomar café en casa.

Afortunadamente, hoy las cosas han cambiado mucho. En primer lugar en cuanto a las cámaras. Ahora tenemos modelos domésticos en el mercado que no pesan ni 100 g. y con unas posibilidades técnicas que harían ponerse verde de envidia a muchos profesionales de hace 30 años.

En segundo lugar ha surgido el vídeo digital y la posibilidad de edición doméstica de nuestras películas. Con ello, los más atrevidos han conseguido acortar mucho el metraje y amenizar con efectos y músicas de fondo. Siguen siendo peligrosos y están al acecho de los incautos, pero si te dejas engañar, al menos te entretienes un poco más.

Sin embargo, el avance más insólito ha sido YouTube. Gracias a este servicio, podemos publicar nuestras grabaciones y difundirlas a los cuatro vientos. Ya no tenemos que organizar cenas con los amigos en casa, simplemente les enviamos un e-mail con el enlace a nuestro vídeo, o lo colgamos en Facebook para que nuestros “amigos” compartan con nosotros tan entrañables momentos.

Bromas aparte, lo realmente importante de estos avances, a mi entender, ha sido la apertura de una vía formativa e instructiva excepcional. Ahora podemos encontrar vídeos en los que tenemos instrucciones para cualquier actividad que se nos ocurra, desde hacer el nudo de una corbata , hasta emitir los contadores de una impresora láser .

No se ha acabado el tiempo de los manuales, pero para muchas actividades, el hecho de disponer de un vídeo explicativo que te guíe paso a paso para aprender a hacer algo, no tiene precio. Y además en la mayoría de las ocasiones esta información está apareciendo en Internet de forma completamente gratuita. Los usuarios colaboran para enseñarnos a hacer cosas que ellos dominan y lo hacen de forma completamente altruista, sin pedir nada a cambio, por el puro placer de compartir.

Toda una demostración de que el hombre es bueno por naturaleza. Demos gracias a los creadores de este contenido por su tiempo y voluntad, y esperemos que muchos otros sigan su ejemplo y en vez de invitarnos a cenar para enseñarnos su viaje a Egipto, nos enseñen su vídeo de como hacer una tortilla de patata, por ejemplo.

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