Comprando un ordenador

Ordenador viejoDesde hace 2 años, la venta de hardware ha descendido escandalosamente tanto en unidades como en importe total. Al principio toda la industria lo asumió como un fenómeno completamente lógico y causado por la crisis que empezó a azotarnos. Vivimos casos de todo tipo, desde el ordenador que fallaba de vez en cuando al arrancar y que no se cambio hasta que una buena mañana ya no quiso hacerlo, hasta el Pentium III con 10 años de trabajo a sus espaldas haciendo de servidor y que no se sustituía porque “seguía funcionando”.
Yo soy de la opinión de que no se debe derrochar, que mis clientes tienen la obligación de velar por los intereses de sus empresas y no dejarse “engañar” por mi cuando les intento convencer de que deben cambiar determinado elemento de su sistema informático, pero si seguimos influenciados por la economía de “guerra” que parece que se ha implantado en muchas empresas, debemos ser conscientes de las consecuencias que puede acarrear.

Cuando nosotros recomendamos sustituir un ordenador es por uno de los siguientes motivos:

a) Estadísticamente ha entrado en época de riesgo. La estadística no miente ni engaña, es ciencia, y los datos estadísticos nos dicen que un dispositivo electrónico que haya estado funcionando durante un periodo de tiempo determinado, tiene unas probabilidades de fallar que aumentan con el tiempo y que en un ordenador empiezan a considerarse de “alto riesgo” a partir del cuarto año de vida.

b) El ordenador ha sufrido una avería y el precio de los componentes y la mano de obra necesarios para repararlo, aún siendo menores que el de un ordenador nuevo, no hacen aconsejable la reparación, ya que no se puede garantizar que determinados componentes que seguirán funcionando, no fallen a corto plazo, con lo que en poco tiempo los costes de reparación si que serán superiores. Este fenómeno lo conocerá todo el mundo que haya conducido un coche “viejo”. Llega un momento que está más tiempo en el taller que circulando.

Con respecto a la razón a), usted argumentará que su ordenador sigue funcionando y no le ha dado ningún problema. Tendrá razón, pero lo que debe valorar no es el precio del nuevo ordenador, debe valorar el tiempo que puede perder si el ordenador viejo se avería de repente. Las horas de trabajo que se pueden perder por tener una herramienta parada, los datos que se hayan podido perder y que deba recuperar, el precio de la intervención de un servicio técnico para verificar lo que usted ya sabía: tiene que cambiar el ordenador.

Cuando un cambio se hace de forma programada, los costes asociados se minimizan. Los usuarios habrán programado otras tareas para no perder tiempo durante el cambio, se ha garantizado la integridad de los datos, se ha concretado con proveedores de software el traspaso de licencias, y cualquier otra tarea necesaria se habrá previsto para que el cambio no sea traumático.

Debemos conocer y aceptar las Leyes de Murphy, siendo una de las principales la siguiente:

“Si algo malo puede ocurrir, seguro que ocurrirá”

Por último, me gustaría que se convenzan de que cuando nosotros hacemos una recomendación técnica, no estamos pensando en una operación comercial, estamos pensando en lo que el cliente necesita, siempre actuamos en su beneficio. A partir de ahí, la decisión es siempre suya, pero por favor, no piense que a usted no le va a pasar eso.

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